jueves, 3 de enero de 2008

MUJERES EN AGONIA

Citando a Wilkipedia "la agonía (del Griego αγωνία, agonía "el sufrimiento extremo") es el estado experimentado por un ser vivo antes de la muerte. Este término simboliza el sufrimiento insoportable, y es usado para describir un dolor extremo, ya sea interno o externo. Una persona agoniza cuando está gravemente herida o enferma, cuando sufre mutilaciones o torturas, o cuando experimenta un grave trauma en su cuerpo o su mente.
Si bien la agonía puede o no ser duradera, y eventualmente producirse una recuperación o mejora de la salud, por lo general se la asocia a un estado irreversible, que culmina con la muerte."

La agonía de la que hoy hablo es la que sufre el corazón de una mujer. Y más específicamente del corazón de la mujer que promedia los cuarenta años de edad, algunos más o algunos menos y que siente esa asfixia que provoca la ausencia de una relación de pareja estable con proyección de futuro y que se agrava aún más en el caso de las mujeres que no han sido madres a esa edad.

Vivimos en un mundo muy acelerado donde en las relaciones entre hombres y mujeres impera el consumo de los envases.

Es regla general que los hombres apuntan más al envase que al contenido al pretender conquistar a una mujer. Y buena parte de las mujeres también, aunque debo reconocer que no son mayoría.

El hombre de estos tiempos, "el hombre light" como lo definió magistralmente el gran psiquiatra español Enrique Rojas, es un consumista nato de cuerpos de mujeres. De comprometerse, ni hablar. Solo se trata de satisfacer necesidades sexuales y que pase la siguiente.

Recibimos a diario a través de los medios de comunicación que el modelo estético imperante excluye de por sí no solo a las personas obesas, sean hombres o mujeres, sino incluso a quienes tienen sobrepeso, un salvavidas de grasa alrededor de su cintura.

Las mujeres de nuestro tiempo sufren además otras exigencias impuestas por el modelo estético imperante y es la lucha contra la celulitis, las arrugas, canas, tetas y glúteos sin firmeza, várices, patas de gallo, etc.

Claro que hay panaceas para todas estas cuestiones dado que la oferta de soluciones estéticas es afortunadamente, amplia y variada y al alcance de todos los bolsillos.

Pero sin saberlo las mujeres se han vuelto más competitivas entre sí. Y los hombres nos hemos dado cuenta de ello y nos hemos aprovechado de esa competencia feroz.

¿Quién puedo negar que hay mujeres de cuarenta años o más que tienen cuerpos que nada tienen que envidiar a una mujer de veinte años? Sucede que esta conducta de las mujeres adultas y maduras ha contribuído aún más a que el hombre solo se fije en el envase y no en su contenido porque se ajusta perfectamente el modelo estético vigente.

Creo personalmente que la mujer tiene expectativas más profundas y duraderas al comenzar una relación. Su entrega es total. Su vocación de compromiso también.

En cambio el hombre es todo lo contrario. Es el rey de lo efímero, de lo pasajero. Su lema es el "touch and go".
Si la mujer habla de compromiso, de futuro, de proyectos y lo hace fuera de timming, el hombre huye como rata por tirante.